Quienes somos

Fundación Meraki nació como Casa Escuela Meraki en el año 2015 en Viña del Mar y desde entonces hemos ofrecido, de manera ininterrumpida, una educación diferente para decenas de familias.

Meraki es una palabra de origen griego que no tiene traducción a otro idioma y significa hacer algo con tanta pasión, dedicación y entrega que la persona deja un pedazo de sí misma en esa tarea.

Para nosotras ese “algo” no es etéreo, sino que es enfocarnos en la crianza de nuestras niñas, niños y adolescentes como si se tratara de nuestros propios hijos e hijas. Los vínculos que logramos construir con cada integrante de esta comunidad y sus familias se van intensificando cada día, a través del respeto mutuo, el amor fraternal y maternal.

Para nosotras y las familias que deciden creer y sumarse a este proyecto de cocrianza, Meraki es una extensión natural del hogar. No se trata sólo de enseñarles y que aprendan, sino que crezcan de forma integral, en un espacio bien tratante, donde también se educan y gestionan sus emociones.

Bajo estos preceptos, Meraki somos todos y todas, así es como profesoras y familias contribuimos a su crecimiento y consolidación, siendo partícipes de aprendizajes significativos bajo el prisma de la niñez, donde es fundamental jugar, ser feliz y crecer con adultos disponibles para que desarrollen apegos seguros.

Por ello que la cocrianza es uno de nuestros pilares como proyecto educativo, ya que mientras nuestros niños y niñas se desarrollen con sus necesidades afectivas y emocionales atendidas por los adultos y adultas que le rodean, estarán preparados para integrarse a la vida social, como seres únicos, respetuosos, generosos y seguros del aporte que pueden hacer en su comunidad.

No trabajamos con métodos coercitivos de disciplina, sino que fomentando la reflexión para reconocer al otro, ya sea niño o adulto, como un “otro” tan válido como yo y desde allí potenciar vínculos de respeto y de colaboración.

En Meraki creemos y practicamos la crianza consciente, donde el niño, niña y adolescente es validado en sus intereses, habilidades y emociones. Sin embargo, esto no significa una ausencia de límites y un “dejar hacer”, por el contrario, hay límites pero comunicados, conversados y acordados desde la empatía, el respeto y el criterio del bienestar de la comunidad.